1).------------ ESTUDIANDO NUESTRA HISTORIA:
1-4).---------- BURGUESIA E IGLESIA: EDUCACION EXTRANJERA.
Por esa época, la Iglesia incrementó su papel como agente de castellaniación mediante su monopolio casi absoluto del sistema educativo, que no sólo de su adoctrinamiento dominical. En efecto, por diversas razones, empezaron a asentarse en Hegoalde varias comunidades religiosas de enseñantes que abrieron colegios privados con el apoyo del Estado y de las clases ricas vascas, destacando la Universidad de Deustu, de los jesuitas, fundada en 1886 para educar selecta y privadamente a la juventud burguesa. La ofensiva castellanizante dio un paso más con un decreto de 1902 por el que se estipula que los profesores que no utilizasen el castellano como única lengua serían amonestados y, si reinciden, expulsados perdiendo todos sus derechos.
Sin embargo, la importante multiplicación de textos, revistas y periódicos defensores de la cultura vasca, de grupos organizados que caminaban teóricamente hacia el nacionalismo, de actos públicos, fiestas y concursos cada vez más numerosos en defensa del euskara, semejante esfuerzo que iba unido al simultáneo crecimiento de las movilizaciones de masas vasquistas y nacionalistas reprimidas brutalmente muchas veces, tenía, empero, una muy seria debilidad de fondo: la ausencia de cualquier control sobre el sistema educativo, casi monopolizado por la Iglesia y totalmente castellanizante.
Además, el pueblo vasco, que se introducía en el capitalismo industrial, carecía de recursos propios para responder a la marea arrasadora de cambios culturales de todo tipo, muy especialmente los propiciados por las nuevas tecnologías de la comunicación. En 1896 se inventó el radiotelégrafo y en 1903 el radioteléfono permitiendo a la prensa escrita, cada vez más centralizada y controlada por una minoría, gran capacidad para informar en poco tiempo de sucesos muy distantes. En 1920 se inventó la radiodifusión y con ella una pavorosa capacidad de manipulación, aculturación e imposición de lenguas extranjeras. En este contexto de cambios acelerados, otros tres factores presionaban muy duramente contra la cultura vasca y contra la posibilidad de disponer de un sistema educativo euskaldun.
Uno era el descarado españolismo del movimiento obrero controlado por el PSOE y la UGT, y en menor medida por el anarquismo. Aunque ambos tenían en sus programas ideas y reivindicaciones más o menos precisas sobre otro sistema educativo -sobre todo el anarquismo-, eran totalmente refractarios a la cultura e identidad vascas, e incluso, como el PSOE, muchas veces declarados enemigos de la misma.
Otro era la propia dinámica antivasca de Madrid, de su prensa e instituciones, que contaban con el aliado inestimable de las clases ricas vascas. La instauración de la dictadura de Primo de Rivera desde septiembre de 1923 hasta enero de 1930 supuso un endurecimiento represivo tremendo: fueron cerradas 34 sedes nacionalistas en Bizkaia, clausurado el periódico independentista Aberri mientras el regionalista Euzkadi fue tolerado pero a condición de que escribiera sólo en castellano, cosa que aceptó. Inmediatamente, bajo la protección de la dictadura, en Donostia se celebró el "día de la españolidad" y en Bizkaia la nueva Diputación se opuso a los intentos existentes para crear la Universidad Vasca y a que se concediera más ayuda económica a la Sociedad de Estudios Vasco. En 1926 se obligó a los colectivos que luchaban por las lenguas no castellanas en la península a que se integrasen en la Real Academia Española. Y aunque en 1929 se suavizó ligeramente el control represivo, las leyes eran tan severas que, después de la dictadura, en 1932, el donostiarra Idiakez fue condenado a 21 años de prisión por hablar en euskara en un juicio. No es de extrañar, por tanto, que incluso los sectores menos radicales del nacionalismo peneuvista del momento, como el Padre Bernardino de Estella publicara en 1931 una "Historia vasca" en la que acusase a las clases altas e influyentes del País la responsabilidad por el retroceso del euskara en todos los tiempos, los antiguos y los modernos.
El tercer factor era la inmensa fuerza alienadora de la Iglesia, sobre todo su cuasimonopolio del sistema educativo, lo que le daba un poder estremecedor para imponer una educación castellana, reaccionaria y machista. La fuerza militante de la Iglesia se veía asegurada por las condiciones sociales del campo, que hacían que muchas familias enviasen algún hijo a la Iglesia como garantía, y por la demanda de maestros algo más preparados para las responder a las innovaciones educativas, socioculturales y tecnocientíficas que se desarrollaron como un torbellino al irrumpir la industrial en masa.
Es muy significativo el que en 1901 las Diputaciones y muchos Ayuntamientos tomaran a su cargo las escuelas municipales y de educación primaria, las encargadas de enseñar lo básico para el nivel tecno-productivo existente. Además, desde Diputaciones, Cajas de Ahorro, grupos católicos, asociaciones médico-educativas y damas burguesas, se lanzó un programa educativo extraescolar para suplir el hecho de que la inmensa mayoría de familias obreras y campesinas no llevaban sus hijos a las escuelas, a lo sumo un curso o dos para ponerlos a trabajar justo con once años. En 1916 el analfabetismo era del 43,41% en Nafarroa, el 40,79% en Bizkaia, el 40,68% en Gipuzkoa y el 32,37% en Araba. Las mujeres eran mayoritarias en esos fríos porcentajes de analfabetismo porque acudían mucho menos a las pocas escuelas existentes. Si damos al año 1900 el índice 100 de religiosos, en 1930 éste era de 149. En 1900 daban clases 75 religiosos por cada 10.000 habitantes, subiendo a 161 en 1930. Semejante aumento se ampliaba con la aparición de los movimientos de higienismo social, de educación de las familias obreras, de propagación de un nuevo modelo de familia obrera destinado a parchear las terribles condiciones de malvivencia.
Las tímidas reformas introducidas por la II República española desde abril de 1931, no sirvieron apenas para combatir tamaña estructura. Al contrario, mientras que ponía trabas a las negociaciones de los diversos proyectos de Estatuto, su primario y burdo anticlericalismo justificó un mayor giro derechista en lo político por parte de la mayoría del nacionalismo, excepto de ANV y Jagi-Jagi, del carlismo y de los restos fueristas, mientras que la Iglesia y los poderes reaccionarios utilizaron su monopolio educativo para preparar y justificar las intentonas militares. No hace falta extendernos sobre el período franquista abierto en 1936, cuando se reprimió y depuró brutalmente todo el escalafón educativo aplicando criterios masivos que afectaban, con especial saña, a l@s euskaldunes, revolucionari@s y en general a cualquier demócrata. Pero sí conviene recordar que se ahondó la desmembración de Hego Euskal Herria al supeditar las instancias educativas y universitarias aquí sitas a las universidades de Zaragoza y Valladolid; también se potenció la proliferación de universidades privadas político-religiosas, como la del Opus Dei, por ejemplo. Las consecuencias de esas medidas desmembradoras las padecemos hoy todavía con más fuerza, como veremos.
Bajo aquellas duras condiciones represivas, las primeras prácticas organizadas de recuperación del euskara fueron unidas, desde comienzos de la década de 1960, a tres características esenciales para cualquier modelo pedagógico posterior: una, la estrecha y vital relación consciente de los padres, de la familia, en y con la educación de l@s hij@s en las incipientes ikastolas; otra, el carácter sexual mixto de las ikastolas, el que niños y niñas convivieran en las mismas horas y espacios, y tercera, la permanente y vital conexión entre las problemáticas populares en la calle y el desenvolvimiento de la pedagogía en la ikastola, en las gaueskolas, en los colectivos que trabajaban esas reivindicaciones.
Posteriormente, la llamada "transición democrática", tuvo un objetivo estratégico doble en la descentralización regionalista del plomizo mastodone burocrático-educativo existente: uno, impedir que Hegoalde conquistara la unidad político-territorial básica y previa para desarrollar por fin la Universidad Nacional Vasca, abortando así desde el mismo inicio la posibilidad de desarrollo de un programa educativo nacional único, imponiendo para eso las ridículas UPNA y UPV y, otro, limitar el Estatuto y el Amejoramiento lo suficiente como para impedirles cualquier posibilidad de desarrollar un poder educativo euskaldun, sujetándoles por múltiples cadenas al poder educativo español. El servilismo cobarde de los regionalistas y la arrogancia fanática de los españolistas fortalecieron esas cadenas desde dentro del sistema educativo, de la UPNA y UPV, y desde fuera con otros recursos, sobre todo los media y el control de las nuevas tecnologías de la información. Se ha creado así un pantanal en el que se ha pretendido asfixiar definitivamente las históricas ansias vascas de poseer un sistema educativo propio. Las miasmas pestilentes que salen de esa ciénaga tienen, entre otras, la función de ahogar el proceso de liberación de nuestro pueblo. Pero para poder estudiar más detenidamente todo lo relacionado con este particular hay que resumir teóricamente antes algunos elementos imprescindibles.